¿Cómo hacer tus cortinas paso a paso y elegir el sistema de colgado perfecto?

Decorar las ventanas es ese paso definitivo que convierte una casa fría en un hogar acogedor, pero enfrentarse a la confección propia puede imponer respeto al principio.

Cómo hacer tus cortinas paso a paso

No es elegir una tela bonita, es comprender cómo va a caer ese tejido y qué sistema de sujeción permitirá que se deslice sin atascos.

Desde la elección del metraje hasta el tipo de fruncido, cada detalle cuenta para que el resultado final sea profesional. Es el momento de tomar medidas, perder el miedo a la costura y transformar tu salón por completo.

Índice
  1. La importancia de elegir el fruncido adecuado
  2. ¿Una sola pieza o dos cortinas por ventana?
  3. El soporte invisible: los rieles de cortina
  4. ¿Cómo calcular la tela sin "morir en el intento"?
  5. Instalación y toques finales de costura

La importancia de elegir el fruncido adecuado

El fruncido es lo que le da personalidad y cuerpo a tu cortina. Si buscas algo clásico y con mucho volumen, el fruncido de tablas o el de tres pliegues son opciones seguras que nunca pasan de moda.

Estas configuraciones consumen más tela, normalmente el triple del ancho de la ventana, pero ofrecen una caída elegante que llena mucho más el espacio visualmente.

Para ambientes más modernos y minimalistas, puedes optar por un fruncido sencillo o incluso por la onda perfecta.

Esta última requiere una cinta especial que guía la tela para que siempre mantenga esa forma de "S" tan impecable. 

¿Una sola pieza o dos cortinas por ventana?

Esta es la duda eterna al empezar a confeccionar. La respuesta depende totalmente de la funcionalidad que busques y del ancho del hueco.

Una sola cortina queda genial en ventanales pequeños o si quieres recoger toda la tela hacia un solo lado para despejar una zona de paso. Es una opción limpia y muy cómoda de manejar en el día a día.

Por otro lado, confeccionar dos piezas te permite jugar con la simetría. Es la configuración ideal para salones grandes, ya que puedes abrir las cortinas desde el centro hacia los extremos, enmarcando la vista exterior.

Además, visualmente ayuda a que la ventana parezca más equilibrada y permite jugar con la luz de forma más flexible según el momento del sol.

El soporte invisible: los rieles de cortina

De nada sirve tener una tela espectacular si el sistema que la sostiene falla o se atasca cada vez que tiras de ella.

Los rieles son la columna vertebral de cualquier instalación y, aunque a veces quedan ocultos tras la tela o en un foseado del techo, su calidad es fundamental.

Un buen riel garantiza que la cortina se mueva con suavidad y sin ruidos molestos.

Hoy en día puedes encontrar rieles de cortina fabricados en materiales resistentes como el aluminio, que soportan pesos considerables sin doblarse.

Es importante que antes de comprar decidas si prefieres un sistema de accionamiento manual, por cordón o incluso motorizado. 

¿Cómo calcular la tela sin "morir en el intento"?

Un error común es quedarse corto con el tejido. Para que la cortina no quede "estirada" y pobre cuando esté cerrada, debes multiplicar el ancho de tu riel por el factor de fruncido elegido (generalmente por 2 o por 2.5).

A eso, súmale siempre unos centímetros extra para los dobladillos laterales y el bajo, que es lo que le dará peso a la caída.

En cuanto a la altura, decide si quieres que la cortina roce el suelo, que quede a un par de centímetros o que arrastre un poco.

El estilo "arrastre" aporta un aire muy romántico y bohemio, pero requiere más mantenimiento de limpieza.

Si prefieres algo práctico, que libre el suelo, es lo mejor para poder limpiar debajo sin complicaciones.

Instalación y toques finales de costura

Una vez tengas la tela cortada y los dobladillos listos, es hora de colocar la cinta de fruncir. Asegúrate de coserla bien recta para que los ganchos queden nivelados.

Al colgar la cortina en el riel, reparte bien los pliegues para que la onda sea uniforme en toda la superficie. Es un trabajo minucioso, pero la satisfacción de verlo terminado compensa todo el esfuerzo.

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